Los briófitos, que incluyen a los musgos y las hepáticas, constituyen un grupo de plantas terrestres con alrededor de 22.000 especies en todo el mundo. Su diversificación coincide con la del desarrollo masivo de los bosques de plantas con flores (angiospermas) hace unos 100 millones de años, para lo cual el ecosistema arbóreo es, por tanto, esencial. La aparición de los grandes bosques de angiospermas en el Cretácico Superior desempeñó un papel clave en la diversificación de los briófitos, al ofrecerles una gran variedad de hábitats, desde la base del tronco hasta el dosel, en un clima forestal mucho menos sujeto a grandes fluctuaciones de temperatura y humedad que los ambientes abiertos, característica esencial para estos organismos cuyo suministro de agua procede exclusivamente de las precipitaciones.
Briófitos
Estas plantas no vasculares colonizan prácticamente todas las estructuras de los árboles y, en términos de número de especies e individuos, forman el grupo mayoritario de plantas asociadas a ellos. Obviamente, es imposible hacer un inventario exhaustivo de estas plantas, por lo que evaluamos su riqueza de especies mediante muestreos de pequeñas áreas (cuadrantes) intentando abarcar los diferentes microhábitats que proporcionan los árboles. Los árboles se dividen en seis alturas basadas en el esquema de zonificación de Johansson, las cuales reflejan más o menos los distintos hábitats ecológicos y los diferentes microambientes que estos ofrecen para el asentamiento de organismos vivos. Los briófitos se colectaron utilizando cuadrantes colocados al azar en cada una de las seis zonas de los árboles estudiados.
Durante las expediciones, los musgos y hepáticas recolectados en los árboles se clasificaron de manera preliminar con una lupa binocular. Se trata de una etapa esencial, ya que en una sola hoja de unos pocos centímetros cuadrados pueden encontrarse hasta quince especies de briófitos clasificados como epífilos, de tamaños comprendidos entre 1/5 de mm y unos pocos milímetros. La segunda etapa consiste en identificar cada especie. Para ello los ejemplares colectados se examinan en el microscopio y se identifican utilizando guías taxonómicas. Aquellos grupos más diversos, cuya taxonomía aún no se conoce lo suficiente, se envían a expertos para su identificación.